Acabamos de cerrar el año 2014, nominado como Año de la Agricultura Familiar por parte de la ONU y por ello, cara al año nuevo que acabamos de arrancar, desde la organización agraria ENBA hemos estimado más oportuno que nunca fijar como una de nuestras prioridades la continuidad de la agricultura familiar y consecuentemente, nada mejor que para ello que fortalecer el rejuvenecimiento del campo a través de la transmisión de las explotaciones con jóvenes, en su mayoría procedentes del propio caserío pero abriendo, generosa y gustosamente, los brazos a aquellos otros jóvenes que quieran acercarse a la tierra y al caserío.
El previsible crecimiento de la demanda de alimentos inherente a un aumento de la población mundial que la FAO cifra en hasta 9.600 millones de personas allá por el año 2050, frente a los actuales 7.200 hace que muchos países y agentes económicos hayan girado su mirada hacia la actividad agraria.
Los agricultores como suministradores de alimentos para satisfacer la demanda alimentaria de la cada vez mayor población son objeto de atención por parte de países que en sus análisis de prospectiva temen, por una parte, las consecuencias que esa mayor demanda principalmente en países en desarrollo pudiera tener en la seguridad alimentaria de su población y, en segundo lugar, no menos importantes, los imprevisibles efectos que la volatilidad inherente a la burbuja alimentaria pudiera conllevar para sus mercados internos.